Cabezas en blanco y negro

Llevo todo el día con el gorro puesto. Bueno, todo-todo no. En realidad… Vale, sí. TODO el puto día. Desde que he salido de casa hasta ahora que he llegado, encasquetado en mi gorrito-condón. Ese con el que no quería salir ni muerto en las fotos. Quién le ha visto y quién le ve… De instrumento absurdo contra el frío a sutil pieza de camuflaje.  A mediodía he coincidido en el comedor con el tipo de las Peluquerías, autor del crimen, y me ha dicho que si quería podía bajar a las aulas y me daba un tinte para quitarme los colorines. Le he dicho que no. Solo me faltaba volver a cagarla y terminar con una boina de pelo marrón caca, tipo Raphael en un anuncio navideño. Que sea mejor la enfermedad que el remedio y que Belcebú me dé paciencia para aguantar los 125.368 choteos que lleva Karlos a lo largo de todo el día a costa de mis pelos de imbécil free-style. He logrado pactar con él (entre choteo y choteo) y hemos quedado esta noche en el cuarto de baño con su maquinilla de rapar, para que me haga un grrrrñaum y me quite por lo menos el flequillo arcoiris. Me seguirá quedando el cogote Forrest Gump, pero al menos seré un Forrest Gump un poco más homogéneo.

Nunca 200€ me costaron tanta sangre.