El rey majo

Hoy me levanté mal. Con reincidente dolor en cuello, cráneo y ojos, y con Jon de guardia. Cuando estamos los dos en casa y tengo una crisis de daño, suelo ayudarme con marihuana, pero cuando estoy yo solo a cargo de los niños, lo del fumeo me lo tengo recontraprohibido. Las emergencias jamás tienen un buen final si vas colocado. Probablemente en vez de llevarlos al hospital terminaríamos los tres en el mercadona buscando el mostrador de urgencias entre las lechugas y el chopped. Así que nada. Hoy solo ibuprofeno y paciencia. A eso de las 4h. la paciencia se me ha ido un poco al carajo y he aprovechado que venía mi suegra, para salir a hacer unas compras de reyes magos. La idea era dejar el coche en mi exbarrio y acercarme a echar un ojo por algunas tiendas de la Gran Vía, pero al final me he ido entusiasmando yo solo, y he terminado recorriéndome a pata todo el centro como un campeón. Con las botas nuevas. He terminado llegado al coche con los dedos gordos como dos boniatos asados. Eso sí, ocho comics me he comprado en el Otaku Center. Ocho. Mientras elegía he estado fijándome en los chicos que me rodeaban y que también miraban comics o figuritas. Dentro de nuestros diversos formatos de peso, desde el tipo sardina hasta el prototipo león marino, todos teníamos la misma mirada esquiva de psicópata asocial. Para que luego digan que los estereotipos no existen. También he comprado regalos chulos para Jon Karlos Z. Muy chulos y muy amorosamente currados. A pesar de lo fácil que sería caer en la rutina del “este año te doy dinero y tú te compras lo que te salga del nardo”, él nunca descuida el detalle conmigo. Se molesta en elegir, en envolver, en esconderlos, en jugar conmigo al despiste… Pone mimo en todo lo que hace. Y eso, que puede parecer una tontería, implica la diferencia entre sentirte alguien importante para el otro o notar que tienes la misma trascendencia en su vida que el tresillo del salón. Así que yo también me he vuelto a subir al carro (metáfora. Que más hubiera querido yo que tener algo a lo que subirme y que trasladara mi culo sin esfuerzo) y me he pateado todas las putas tiendas de la Gran Vía hasta que he encontrado exactamente TODO lo que quería para él.

Y aquí debería ir una risa de victoria, pero mejor me la contengo no sea que me crujan otra vez los parietales del cráneo, ahora que he conseguido que estén calladitos y guais.