Menos dolores, más concentración

No, no me gusta la nueva cabecera. No creo que la deje así. ¿Por qué? no sé. Porque nunca me gustan las cosas que hago a la primera, y pocas veces suelo darles la oportunidad de llegar a la tercera. Le daré dos vueltas mañana… o pasado. Los títulos nuevos sí me gustan. Muy chulos. Letra estirada/letra regordeta. No sé por qué no se me ocurrió antes.

Se ha muerto la televisión. Con un ronroneo suave, como de gato. Ha hecho glglglglgl y nos ha dejado con la tostada del desayuno a medio comer. Estábamos viendo lo del avión malayo en las noticias de la mañana, así que nos hemos subido en tromba a la televisión de la cama a terminar el desayuno y llenar el edredón de migas. La nochevieja la pasaremos en casa (creo) así que a lo mejor también tenemos que hacer la cena los cuatro encima de la cama. No creas, la cosa tendría su punto. Perros, gatos, niños, Karlos, Arieles… todos ahí, en albóndiga vital, con nuestros cuencos de uvas brindando por un año sin caos.

Se ha divorciado el autobusero. Se casó en julio. Eso hacen cinco meses de matrimonio. En estos momentos me imagino que no se sentirá muy bien, el pobre. Karlos no le tiene piedad. Ni Jokin. Dicen “que no se hubiera casado…” Yo sí le tengo piedad. No creo en los “que no hubiera.” Vivir la vida por impulso no es algo que se pueda controlar, así que a los caóticos no nos valen las lecciones de lógica. Nos están diciendo “deberias esto / deberías lo otro” y nosotros solo oímos bla-bla-bla-bla.

Necesito unas converse rojas nuevas. Las viejas se me han muerto, igual que la televisión, y ya no puedo usarlas sin asomar el dedo meñique por un lado. Estoy esperando a las rebajas de enero. No me gusta montar cabeceras con zapatillas ajenas. Me da cierto olorcillo a hermanastro de Cenicienta.