Meteduras de nepopata

Acabo de pedir una pizza. Mira lo que han durado mis buenos propósitos de alimentación.

Un día muy bonito. Jon sigue enfermo. Ha llegado a tener picos de 40,3º de fiebre. Me parece una salvajada, incluso para un vasco gigante. He pasado toda la mañana siendo coñazo y llamándole para que me fuera dando las lecturas de termómetro. No me ha mandado a la mierda ni nada, así que creo que debe quererme más de lo que pienso. Por más que le he llorado e insistido, no me ha dejado ni llevarle a urgencias, ni avisar a mi suegra. Todo han sido “no hace falta” y “mañana ya estoy bien.” 40º grados de fiebre y mañana ya estoy bien. Te lo digo en serio, no hay calzoncillos en el mundo que sostengan esos huevazos. Al final me he cansado de respetar su voluntad y he localizado a mi suegra. Ha ido echando leches (y maldiciones) y le ha llenado de antibiótico. Pensé que cuando llegara a casa me lo encontraría cabreado por haberme pasado por el forro sus instrucciones, pero no. Está mimoso y pocho. Se ha dejado masajear la cabeza hasta el infinito y más allá. Le falta ronronearme como un gato. Me hace pensar en el cuento del gigante de Oscar Wilde. Todos los ogros tienen su punto flaco ¿no? Creo que yo soy el suyo. Pero soy un punto flaco bueno. No de los que se vuelven en tu contra, sino de los que bailan a tu son.

Me han llamado para el casting del programa de Ahora Caigo. En un principio, he pensado que era mi cuñado gastándome una broma (la chica sonaba talmente como mi cuñada hippyloca), así que les he dicho que medía 1’90, que el resto de mis medidas eran 90-60-90 y que además hablaba gallego y swahili tanzanés y manejaba con maestría el tenedor de caracoles. Así. Todo eso. Seguidito, sin respirar y con dos cojoncillos. Los mismos que se me han subido hasta la campanilla cuando he visto que la chica se quedaba callada durante diez segundos interminables y luego me citaba con día y hora en un hotel de la calle Santa Engracia, instándome a llevar DNI y una foto de carnet. Y lo peor no ha sido eso. Lo peor ha sido que nisiquiera he reaccionado riéndome y diciendo “perdona, era una broma”, o “perdona, creía que estabáis de coña”, no…nada. Solo “gracias” y colgar. No quiero ni pensar en lo que habrá puesto la muchacha en mi casilla de cita. Supongo que algo así como “Ariel Serlik. Madrid. Come caracoles y es subnormal.”