¿Sabes lo que hago por ti?

Jon no cree que vaya a publicar el post erótico. Me chincha diciendo que no seré capaz de contarlo todo. Me parece divertido que a estas alturas todavía considere que tengo miedo a algo, aquí en este territorio mío. En este minimundo donde estoy yo conmigo mismo y me reino, me obedezco, me amotino y me firmo mis indultos. ¿Miedo? ¿miedo a qué? ¿a qué se me juzgue? adelante, señor juez. Soy todo suyo. De verdad que sí. Tuyo soy, mío no.

Te cito aquí el sábado, Jon. Abre esta puerta y echa un vistazo. A lo mejor te sorprendo. Me mola a mí sorprenderte. Me gusta ver como se te estiran los ojos de mercurio y se te arquea la ceja izquierda, con la sonrisa malvada de medio lado. Sorprendido eres jodidamente sexy. ¿Te lo dijo alguna vez el autobusero? ¿no? no, claro que no. “Tú y yo jugamos en otra liga.” Jugamos en otra liga. Sí. Es cierto. Lo hacemos. Si nos separáramos siempre arrastraríamos el hueco del otro. Es mitad maravilloso, mitad terrible. Lo sabes ¿no?

No. Yo tampoco pienso irme.

Hace un frío terrible. Voy a envolverme en mantas. El reto está en pie, comandante de Gasteiz.

Voy a seguir escribiendo todos los días. ¿Sabes lo que hago por ti?

Por ti saco barcos de botellas de cristal.