Bizcochos

Ha pasado el jefe ya quince veces por delante de mi mesa en estos últimos veinte minutos. Intuyo que quiere comprobar que no procastino ni me dedico a bloguerías inmundas en mi jornada laboral. Me da un poco de lástima. No tiene muchas luces. Estoy seguro que sus antepasados cavernarios se dedicaban a recolectar porque de ser cazadores, se hubieran extinguido hace milenios.

Ya vuelve Jon. Esta noche o mañana. Me vuelven a bailar los sapillos en el bajo vientre. No. No es amor sublimado ni demás cursilerías. Es solo que estoy salido. No he mirado como va la luna, pero algo por ahí abajo me indica que está creciente. O eso o que no me gusta una mierda lo de dormir solo. Eso contando con que he pasado 21 años durmiendo solo y 3 en compañía. Ya ves tú lo rápido que me he acostumbrado a lo bueno ¿no?

Seguimos adelante con el cumpleaños de Simón. Jon K. quiere hacerle una tarta sorpresa de esas de fondant con algún tema de videojuegos y llevaba toda la semana ensayando masas, rellenos y colorantes, así que ahora tengo la cocina llena de bizcochos de colores imposibles. Y deliciosos. Pero a unos niveles de delicia que no puedo ni explicar. Cosa jodida para mí porque cuando se pone a experimentar tiene la manía de darme a probar todo y luego pretender que le haga una comparativa coherente. Ya ves tú. Yo, que me trago las magdalenas a kilos como un pelícano, de analista culinario. Así nos va.

-¿Qué tal?
-Mmmmh… Delicioso
-¿Más que el segundo o menos?
-¿Cuál era el segundo?
-El verde
-¿No es este el verde?
-Este es azul
-Ah pues… mejor, sí
-¿Y mejor que el cuarto?
-No sé cuál es el cuarto, Jon…
-El otro azul
-¿Hay más azules?
-Hay tres
-Pues… er… mejor este… ¿segundo?
-Ese es el cuarto
-¡¡¡VALE, PUES TODOS BUENÍSIMOS, RECOPÓN!!!

Como darle un logaritmo a un pastor de cabras. Igual.