Bajones de cuarto creciente

Mi jefe me ha devuelto con creces mi maldad con las camisetas brilli-brilli, y me ha llenado de trabajo hasta las orejas. Con eso pierdo mi permiso para poder ir a clase mañana. Todo muy estupendo. Aunque debo reconocer que me lo tengo más que merecido por no tener aprendida la lección de que las batallas se ganan antes con astucia que con valentía. Estoy un poco falto de reflejos últimamente. Es porque he vuelto a la facultad en otra misión suicida de las mías y siento que los días no tienen suficientes horas. Por ahora se las voy restando a las noches, pero eso tampoco es la decisión más inteligente del mundo porque pronto empezaré a ser una especie de zombie con pelánganos deambulando por la casa buscando una bata que llevaré puesta (hablando del Gran Lebowsky). No importa. Aprender cosas nuevas siempre merece la pena. Me apetece convertirme en otro zumbado más con dos carreras que no sirven para nada. El mundo está sobrado de acción y falto de pensadores. De algo me servirá. Para que me quemen en la hoguera cuando se reinstaure la inquisición o algo así.

Ayer por la noche salí a correr con Jon. Con esas cosas le hago una pequeña putadita porque  tener que ajustarse a mi paso cochinero no le ayuda mucho en su misión de entrenamiento, pero como es bueno no me dice nada y hasta se pone contento de que vaya. Aguanté tres vueltas de mierda (bueno, de manzana) y eso sin llegar siquiera a salir al monte. Tengo la forma física de una ardilla escoleótica y patizamba. Me avergüenzo de mí mismo. Tengo que hacer algo ya o ya. Con eso y con lo de mi peso de ladilla. 55 kg. dí el otro día en la báscula. Peso casi lo que una modelo de Victoria’s Secret. Dime si no es un buen motivo para sentirme en formato mierdecilla.

Mierdecilla, ladila, ardilla patizamba, cochinillo… madre mía. Se nota que viene la luna llena ¿no?