Please don’t stop caring now

Mañana tengo que  volver al trabajo. Y a clase. Y al trabajo. Y a clase. Mañana no habrá levantarse a las once, ni hacer tortitas, ni mandarte whatsapps desde el supermercado que contestas lleno de abreviaturas porque estás reunido. Mañana no habrá carrera con Canuto, ni arrimar legos de star wars a los bajos del sofá para que el crazygato salga a olerlos, ni ver películas de los 80’s tumbado en calzoncillos sobre nuestra cama mientras rechupeteo la cucharita de mi helado de menta, ni videojuegos contigo “dispara-ari-recargasconequis” enroscando tu dedo índice en el rizo sobre mi oreja. Mañana no habrá felicidad. Habrá jefe calvo, y compañero raro que me mira con ojos de lechuza cuando cree que no le veo, y escaleras de la facultad en las que algún día me dejaré la rodilla por saltar de cuatro en cuatro, y autobús, y coche, y tráfico por la A6 y “¿me da tiempo a salir detrás de ese?” y John Newman “please don’t stop caring now, caring now
uuuuh-uuuuuh
” y apuntes, y profesor desgranando antropología con entonación de iglesia bleblebleblebleble y dibujos de ojos y flores entre las letras de mi cuaderno “¿No te apañarías mejor con folios sueltos?” “No, no sé… No. No me gustan las cosas sueltas. Las cosas sueltas se me pierden.”

Mañana. Tú y yo. Nos vemos a las once y media en el edredón naranja que no querías comprar. Hazme un boca a boca y sácame toda la rutina de los pulmones. Cuento contigo. Necesito sobrevivir hasta el sábado.

Tchsk… Qué haría yo sin ti.