María

Hoy es un día de puta locura, pero aún así… hola blog. Vengo a soltarte noticias y emociones. Cortitas. Muy cortitas, porque hoy es un día de puta locura.

Nos llevamos a María. No era la idea, no. Fuimos a verla con Pedro y con Simón, dispuestos a rechazar la acogida. Habíamos sopesado pros y contras y no lo veíamos claro. Pero de la misma forma no queríamos parecer unos cabrones, ni unos cobardes, así que tal cual lo habíamos hablado de antemano, cumplimos con nuestra visita y fuimos a verla. Y fue entrar en la sala de cunas, y el mundo hizo crack.

No fue necesario mucho. La sala era un caos. Como ocho o diez bebés berreando todos a la vez y asomando entre las cunas. Ella estaba al final, cerca de la ventana. La encontré diminuta. Vestida con un pijama rojo desgastado, agarrada a los barrotes y llorando. Tenía mocos hasta en las orejas y un chupete de goma marrón en una de las manos. La cuidadora fue a cogerla, pero Jon se adelantó, la sacó de la cuna y cogiéndola en brazos, se la apoyó contra el hombro. Y en una armonía repentina y flipante, María se colocó el chupete en la boca y ahí se quedó. Calladita, con la mejilla apoyada contra el hombro de Jon K. y mirándonos. Toda ojos, toda chupete y toda mocos. Jon le puso su manaza gigante sobre la espalda diminuta, como el que toca un gorrión y la meció. “Ya, ya, ya… Ya está, María. Ya está.” Ahí supe que ya daba igual todo. Porque no es que la tuviera cogida en brazos. Es que la protegía. Así que tuve claro al instante que se quedaría con ella sí o sí. Que ya era de la tribu y punto. Y me pareció emotivo y bonito. Sobre todo porque de alguna forma al verle, nos contagiamos todos. Pedro, Simón… Todos estuvimos de acuerdo sin mediar palabra entre nosotros y sin rastro de duda. Incluso cuando ya volvíamos a casa en el coche, sin haber dicho aún que se quedaría, Pedro le dijo a Jon: ” Me tenéis que decir qué me va a tocar hacer a mí de María para que me lo apunte.” Pues eso. Pues ya está. Pues bienvenida a nuestro zumbado ecosistema, María.

La semana que viene, salvo imprevistos, nos la traeremos a casa. Llevamos todo el día movilizando a la familia para que nos pasen de emergencia todos los sobrantes de bebés que tengan. Jon se ríe, me mira y dice: “Somos unos unos putos pirados. Pero saldrá bien.”

Pues claro. Afirmativo a las dos cosas.