Adiós semana, adiós

Vinieron mis cuñados gigantes y prepararon la casa para bebés. Cambiamos a los dos niños de cuarto y los pusimos en el más grande y en el pequeño pusimos cunas, cambiadores, estanterías, móviles luminosos, parques, chiriburris musicales. Protegimos la escalera, los enchufes, las esquinas, las gateras. Subimos las lejías y los limpiadores y recogimos soldaditos, cochecitos, legos, minipiezas. El sábado vinieron dos asistentes sociales a pillarnos de marroncillo. Aún estábamos subiendo y bajando cosas, pero pudimos enseñarles la habitación que habíamos preparado y nuestras ganas de caotizar aún más nuestra vida. Se fueron conformes. Mañana tenemos que acudir a una charla de “por qué deberían ustedes pensarse dos veces lo que se les viene encima.” Nos sobra un poco. Ya tenemos a nuestras espaldas un niño walpurgis que coleccionaba piedras, y otro que escondía la cabeza debajo de la camiseta. María puede traerse todas las taras que quiera y hagan falta. Haremos equilibrios para saltarlas todas. Alea iacta est. Mi suegra se jubiló hace dos semanas y nos tira de la camiseta para pedirnos que le dejemos recoger a la niña de la guardería y ocuparse de ella hasta que salgamos de trabajar. Todos están que no mean con la noticia de la niña. Es la primera hembra en una familia de veintemil espartanos (ah-uh). Estamos planteándonos si usar el permiso por paternidad o seguir la inercia y no hacerlo. Jon lleva muy poco en su nuevo destino y yo tengo unas ganas muy tontas de volver a trabajar, quizá no tanto por trabajar, como por volver a normalizarme en una rutina de horarios (aunque también es verdad que cuando pienso en los ojillos de lechuza de mi compañero las ganas se me diluyen en un puf). Mientras siga mi baja médica, todavía podremos pensarlo.

Me han quitado la última droga que me quedaba por quitar. Ya estoy como antes de la operación. Solo que con niña y con loro nuevo. Si los pinchazos y el zumbido de cabeza no vuelven, lo mío será ya prueba superada. Ayer me costó dormir. Sentía la cabeza como una radio desintonizada.

Ando nervioso y tirando a feliz. Ojalá tuviera una bola de cristal para saber cómo terminará saliendo todo esto.