Litios crecederos

Se me ha muerto la batería del móvil. Precisamente hoy que me falta nada y menos para que venga la niña. Precisamente hoy que hemos dado permiso a Simón y Pedro para que vayan tres días de campamento a Rascafría con el colegio. Precisamente hoy que ponen The Walking Dead y necesito de twitter para quejarme (porque yo siempre me quejo cuando faltan zombis en las pelis de zombis). Precisamente hoy que PRECISAMENTE HOY. Nisiquiera sé qué le ha pasado a la batería. Llevaba fallando varios días y hoy directamente se ha hinchado como un boniato. He cogido un destornillador para ver si la podía abrir y averiguar pero a Jon K. le ha pitado su radar de “Ariel Nepomuk está haciendo el gilipollas” y ha bajado por la escalera como una exalación a quitarme el destornillador al vuelo. Luego me ha explicado que las baterías de litio cuando se hinchan, pueden explotar si se manipulan. Y me he sentido como el descerebrado que soy, claro. No sé qué demonios pretendía conseguir. Quizá que hiciera ¡pflus! como los paquetes de café al vacío cuando los cortas, y que volviera a su tamaño normal. Sí. A estas horas de la noche y recién chutadito de antidaño para las cervicales, soy así de guais.

Estoy cargando la vieja blackberry para que Jon me pueda llamar mañana. Y eso será lo único que pueda sacar de ella. El tiroliro de la llamada y el tiriling de la alarma del despertador. De lo demás me olvido. Ni whatsapp, ni twitter, ni google, ni pollas en vinagre hasta el miércoles o el jueves que reciba la nueva batería. Bueno, vale. Antes no teníamos y sobrevivíamos. O esa es la excusa que nos ponemos todos cuando se nos olvida el móvil en casa. La mala excusa. La excusa de mierda. Vale, antes no teníamos. Pero ahora todo es más divertido, malditos.

Mh…creo que voy a vengarme posteando ocho veces al día. ¿Te cansarías de mí? ¿no? ¿en serio? Venga… no lo has pensado bien.