Ouchs…

Ya ha llegado la batería. Qué majos los jerezanos estos. Qué puntuales. Estoy aquí mirando la cajita como si al abrirla fuera a salir un haz de luz, tipo maletín de Marcellus Wallace. Luego la probaré. Todo será que pete también y que lo que tenga que cambiar sea el móvil. Me lo creo todo. En estos últimos tres días parece que me hubiera mirado un tuerto. Ayer, a falta de alarma de móvil, me hice un follón con el despertador y he levantado a toda la casa a las 6:00h. de la mañana. Pobre Simón. Iba arrastrando los pies por el pasillo y diciendo “¿y por qué es tan de noche?” y yo, todo kalikatres “no hay luz porque está lloviendo.” Pero no. No, GELIPOLLAS. Ni lluvia ni puñetas. Era de noche porque habías puesto el despertador una hora antes de lo previsto. Cuando ha vuelto Jon de entrenar (que sale prácticamente con el canto del gallo) y me ha sacado de mi error, ya estábamos los niños y yo duchados, vestidos y desayunados, así que directamente nos hemos tirado los tres en los sillones en plan Tutankamon para no arrugarnos demasiado y hemos echado un sueñecito de recuperación, hasta que ha llegado la hora de marcharnos. No la que se me ha puesto en la punta del nardo, no. La real.

A toda esa diversión, sumo mi contractura de espalda y cervicales. Ya estoy otra vez como el año pasado. Exactamente siguiendo el mismo proceso. 1-Operación 2-Contractura en el omóplato derecho 3-Cervicales jodidas 4-Drogas duras 5-Rehabilitación.Lo peor: que solo estoy en el punto 3 y por ahora, ni drogas, ni fisio, ni náh. Dolor y jodienda. Mañana vamos a ir a recoger a María. Según como lo veo opto a dos tipos de presentación personal:

A) Diazepam: Aspecto de yonkarra. Ojos entrecerrados. Dipersión mental. Baba colgando. Estrechada de mano tipo calamar muerto.

B) No diazepam: Mandíbulas apretadas. Sonrisa siniestra. Espinazo inclinado a la derecha formato quasimodo. Estrechada de mano tipo brazo tullidito.

Moraleja: tanto en A como en B, exitazo asegurado.