La casa del Dr. Moreau

Hoy se han ido Pedro y Simón de acampada. Tres días. Simón iba feliz y parlanchín, y Pedro como si le llevaran de misión suicida a la guerra de los Balcanes. Luego se le ha pasado el rictus de pánico, sí. En cuanto se ha sentado al lado de la chica que le gusta. El amor salva el mundo. Me harto de decírtelo. O quizá no para todos, porque ahora mismo tengo a Matraka con el hocico pegado a la verja lloriqueando porque ya es de noche y no está Simón. Pobre Matraka. Es un perro muy sentido y dramático. Iría perfecto para un telefilme Disney. Ya no me molesto en intentar meterle dentro de casa. La última vez ya aprendí que era un objetivo imposible. Ahora directamente le pongo la comida y el agua junto a la verja y le dejo que viva ahí los dos días, con el culo contra la valla, como un viudo de guerra. No pasa nada. Simón volverá este mismo sábado y entonces Matraka será el perro dramático más feliz del mundo mundial. Lo dicho. Puro telefilme Disney.

María es bruta, bruta, bruta, pero bruta. Y simpática, simpática, simpática, pero lo cierto es que una cosa no quita la otra. Hoy ha descubierto el tíovivo luminoso que le compramos para que durmiera y ha sido un festival. Se ha pasado casi toda la tarde intentando encenderlo a hostias. Directamente. En cuanto paraba la musiquita, halavenga contra el borde del parque trinca-tranca. Con las dos manos, como un leñador. Nos hemos reído mucho. Porque lo hacía contra el parque. Me imagino que si le da por hacerlo contra un gato, o contra nuestros respectivos huevos, ya no nos reiremos tanto. Pero por ahora, nos gusta María. Nos gusta mucho. Con su culo de pollo y sus cuatro pelos enroscados hacia arriba. Tan risueña, tan sociable y tan bestia. Mira, mitad Jon Karlos y mitad yo. Hala. ¿Ves? Perfecta.

Acabo de acordarme de que no he guardado al cotorro esta mañana. ¿Y por qué? pues porque le acabo de ver pasar volando. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que ni me he asustado. Al contrario. Ha sido como un “anda, mira…un loro batiendo plumas en mis narices.”

Ya. Sí. Lo sé. Merezco un tiovivazo de los de María entre las cejas. Por disperso y por lerdo.