Pedro y el egosistema

La semana que viene es el concurso matemático de Pedro. Se altera y se pone nervioso cuando piensa en ello. Llega al punto hasta de tener ganas de vomitar y terminar llorando. No nos mola nada eso. No queremos traumas innecesarios e idiotas por culpa del número pi. Y menos a los diez años. Lo tenemos claro. Si le vemos que sigue así, a tomar por culo el concurso. Se lo hemos avisado a su profesora y se ha tirado de los pelos. “Pero…¡tiene muchas posibilidades de ganar! ¿y si gana? ¡pensad en el orgullo y lo feliz que se sentirá!” Jon es tajante. “Ya estamos orgullosos de él. Y queremos que sea feliz ahora.” Estamos 100% de acuerdo. Hay consenso tribu. Pedro es difícil. Nos ha costado mucho más que Simón que salga en bicicleta y se relacione fuera de su ordenador y su tablero de ajedrez. Y aún así, sus relaciones con el resto de las personas son complicadas. La frustración no le ayudará y reforzar a cañón su competitividad, tampoco. Qué obsesión tiene el universo por despuntar. Nunca lo he entendido. Nunca lo entenderé. ¿Para qué queremos ser los mejores? piénsalo. ¿Para qué? ¿a quién pretendemos pisar con eso? ¿quién irá por detrás de ti y se sentirá como una mierda al mirarte? ¿por qué vigilamos estadísticas, destripamos nuestra felicidad en fotos,  nos regodeamos en brillar, competimos en ingenio, queremos ser LA POLLA DEL MUNDO MUNDIAL? ¿para qué?

No queremos un niño autista que sea la polla del mundo mundial. Queremos un niño autista que sonría.