Tripi-Tripi-Tripi

Primer día. Jodido, pero contento. O digamos que solo jodido. He ido a trabajar con cara de haber visto a la vírgen. En vez de ojos, llevaba pelotas de golf. Yo mismo me he asustado cuando me he mirado en el espejo al levantarme. Google me ha dicho que probara con hielo para bajar la hinchazón. He vaciado toda la cubitera en una bolsa y me la he puesto sobre los ojos. Lo último que me apetecía era dar explicaciones en el trabajo y tener que contar la historia 325 veces. La cuento una y ya estoy llorando. Aún no estoy para esas lides. Así que he hecho caso a google y me he puesto el hielo. Fail. Lo único que he conseguido es que las pelotas de golf se pusieran coloraditas y se viera mi cara de lechuza con más relieve. Hasta el fisioterapeuta , que no me suele ver más que la espalda, se ha dado cuenta. Unas 14 veces he escuchado hoy “qué mala cara tienes.” Me he inventado de todo para contrarrestarlo sin confesar. ” Es que no he dormido mucho.” “Salí y bebí demasiado.” “Es que me ha atizado fuerte la alergia.” “Sí, debo tener conjuntivitis…” Por supuesto nadie me ha creído. Los ojos de llorar, son ojos de llorar y punto. Pero una mentira a tiempo hace que la gente sepa que ya no tiene que seguir preguntando. A la hora de comer ha venido Jon para comprobar que no me había suicidado. Todos en el autoservicio le miraban torvamente. A saber qué pensarían. Que nos habríamos peleado pasionalmente o algo así. La gente tiende a pensar que las parejas gays somos mucho más apasionantes de lo que en realidad somos. Es como si fueran incapaces de imaginarnos viendo la tele y rascándonos el culo en pijamita y pantuflas. Pero lo hacemos. Los sentimentalmente estables, lo hacemos. Y hasta nos queremos con tranquilidad.

Sigo inmerso en mi tristeza. Ahogándome en ella. Esperando que el tiempo me la amontone en una esquina de una puta vez, que es lo único que hace. Porque el tiempo no cura, no. Amontona.

Pero sí. Eso servirá.