Grinch

Ando como la primavera. Extraño, tormentoso, inaguantable. Y asado. Sobre todo asado.Sudando, resoplando, quitándome camisetas, abriendo ventanas. Es como si el calor me brotara de dentro y se me extendiera por las venas, de los pies a las orejas. Empiezo a pensar que tiene que ver con el ajuste de tiroxina que me han hecho y que estoy hipertiroideo. O hipotiroideo. O directamente gilipollas, pero la verdad es que no me siento nada bien. Y además estoy hasta las pelotas de la rehabilitación. Me quedan dos sesiones más y habré terminado. No veo el momento. Si no fuera porque ya entregué el justificante en el trabajo, me las pasaría  y haría dos novillos como dos universos. Estoy tan harto, que ya todos los pobres que hay allí me caen mal. Todos. El rehabilitador gorila, la compañera sin sangre en las venas, la señora que me cuenta por decimoctava vez lo de las baterías recargables para el móvil, el señor que se queja del brazo como si lo estuviera pariendo atravesado, la chica de Bilbao que se sabe y canta todas las putas canciones del hilo musical… todos. Los odio. Los haría un paquetito y los guardaría en un trastero para siempre jamás. Incluso a pesar de que no son ellos sino yo, el que sobra allí. A pesar de que ellos sean los normales y yo el grinch primaveral.

Me han puesto un imac nuevo en el trabajo. Gigante. Lo más lleno de pulgadas que he tenido nunca. No sé bien por qué me han comprado ese trasto supersónico. Yo no había pedido nada. Supongo que debe ser algún resto de presupuesto que tenían que invertir o algo así. Cada vez que llego a mi sitio, me siento, y me veo los pelos reflejados en el pantallón gigante, tengo la sensación de ser un fraggle okupa sentado en una sala de cinemascope.

Noto mi vida como desencajada. ¿Será aún por lo del gato?

Menos mal que están conmigo los que están conmigo.