San Isidro

Día de fiesta (fiesta-fiesta). He tenido tiempo para mí mismo. Para contestar correos, para escribir, para bajar mis 34 camisetas de manga corta, para cortarme el flequillo, para cargarme música en el ipod, para tener S*E*X*O vespertino, para jugar a Diablo 3, para ver pelis, para  hacerme una macedonia, para rascarme la barriga, para yipi-yipi-yey. Todo eso porque hoy ha sido San Isidro. Como los dos niños estaban fuera, hemos vestido a María de chulapa y la hemos sacado a dar una vuelta por la Pradera de San Isidro. No sé por qué nos ha apetecido esa tontería, porque en realidad no nos pegaba nada, pero lo hemos hecho. Ayer fueron Simón y Pedro vestidos de chulapos al colegio y nos pareció que o todos o ninguno. María ha sido bastante feliz. Ella siempre es bastante feliz. Tan bastante feliz, como bruta. Jon la dejó el pelo al dos, así que hemos tenido que coserle el clavel al pañuelo, y aún así, le ha durado menos puesto que un cubito de hielo en Murcia. En cuanto la hemos dejado suelta por ahí ha vuelto a su formato demonio de Tasmania, y ha terminado con el clavel y el pañuelo de riñonera. Me río mucho cuando se desata por la calle. Me recuerda a esos cochecitos de tracción que echas un poquito hacia atrás y luego sueltas para que salgan disparados. Ella también es una niña de tracción. Ahora está aquí… ahora está allí… ahora ya no está. Todo a velocidad luz, agarrada al pulpo y descojonándose. ¿De qué? ni idea. Ella sabrá. El caso es que se parte. Full time. No me extraña que coma como un cosaco y no engorde un gramo. Tanta energía vital tiene que sacarla por fuerza de algún sitio. Hoy ha probado las gambas a la plancha. Se nos ha ocurrido la feliz idea de darle a chupetear un cachitín de una y al final se ha comido mi ración, la de Jon y si no la paramos, la de los dos señores de la mesa de al lado. Mola. Todo apunta a que de mayor será una persona generadora de energía. Me gustan las personas generadoras de energía. Son las que mueven el corazón del mundo.