El puto muesli

Me ha escrito alguien a quien quise en un pasado relativamente lejano, pidiéndome un encuentro. No un encuentro importante. Solo un café y un quéfuedetuvida. Le he dicho que no. Y me ha pedido explicaciones que no he podido darle. No sé por qué no. Porque no lo hago. No guardo a las personas de mi pasado. En realidad hago todo lo contrario. Con cada batalla que libero, quemo todos mis barcos y luego reconstruyo de nuevo. Da igual que la gane o la pierda. Yo los quemo igual. Pienso que lo pasado, pasado está y que es bonito dejarlo tal cual se haya quedado. Quizá porque es mentira que las personas cambiemos. No lo hacemos. Somos como somos y seguimos siéndolo siempre. Nos matizamos, nos diluímos…vale. Pero nuestro núcleo principal siempre es el mismo. Así que, según esa teoría, lo que falló en el pasado SIEMPRE volverá a fallar. Sacarlo del cajón y menearlo, no tiene ningún sentido.

Sigo engordando. Despacito, pero lo hago. Ya son 4kg. Me faltan solo 6. Alegría, alegría y pan de Madagascar. El día 24 tengo revisión con la vetusta morla. Ni yo mismo me creo lo ordenadito que estoy siendo. Ni un bollazo, ni una bolsa de riskettos… Nada. Solo la puta cascarria, el puto muesli, las putas legumbres, y todos los kilos de puto pescado azul y puto pavo que me mandó. Y las vitaminas y el pastillamen. La fórmula mágica funcionó bien porque no tengo ganas de dulce. Aburrimiento alimentario sí que tengo. Bastante. Hoy hemos comido en casa de Jokin y Gustavo nos ha sacado una tarta de brownie con profiteroles de crema que había hecho. Al ponerla en el centro de la mesa, todos me han mirado con cierto aire entre temoroso y compasivo. No sé qué pensaban. Quizá que iba a arrancarme la camisa y a subirme a cuatro patas a la mesa para devorar la tarta en plan tyranosaurius rex (pensándolo friamente, eso hubiera molado mucho). Les he hecho un gesto con la mano de “todos tranquis que estoy bien” y he procedido a masticar mis putos plátanos con expresión de camello.

Puto muesli, putas legumbres, putos plátanos… Diría que se me nota cierto rencor estomacal ¿no?

Tres semanas para irnos de vacaciones y restando. Pedro nos ha pedido permiso para invitar a uno de sus dos amigos raritos de la colonia a pasar una de las semanas con nosotros (la ventaja de la desventaja de irnos cerca de Madrid). Se ha mostrado muy entusiasta diciéndonos que SERÍA ESTUPENDO-ESTUPENDO-ESTUPENDO y como no suele ser habitual en él tanta emoción, pues…vamos a intentarlo. Mañana irá Jon para hablar con los padres. Él es bueno para esas cosas porque resulta serio, guapo y formal. Como vaya yo, con mi flequillo de yorkshire, mis zapatillas de luz para sacar basuras y el rumblerumble del monopatín, probablemente no me abran ni la verja del jardín.