Diario de Connor MacLeod

Ha muerto el último que quedaba de mi grupo de apoyo del hospital. Estamos en Highlanders y yo soy Connor MacLeod.
Eso acabo de tuitear. Y así es. Me acaban de llamar para contarme que el último que quedaba de mi grupo, murió anoche por metástasis en el hígado. Tenía mi misma edad, y el mismo tipo de tumor que yo, pero a él se le extendió, perdió la rodilla, la pierna y poco a poco… todos los órganos. Ha sobrevivido siete años, bailando con el cáncer. Mientras me lo contaban por teléfono, yo bajaba escaleras con mi rodilla impecable. Esto es un sorteo. Te toca, no te toca… No hay reglas. No existe la estupidez del kharma, del “cada uno tiene lo que se merece”, ni las teorías buenrollistas absurdas de “si eres feliz, vives más.” Si te quedas, te quedas, y si tienes que irte, te vas. Y en cierto modo, de verdad te lo digo, es una reflexión que debería llenarnos de tranquilidad. 
Ya ha vuelto Jon. Fue un puto infierno sobrevivir al viernes sin él. Con la casa mangas por hombro, un colchón en el suelo, la niña durmiendo conmigo (o ella durmiendo y yo pendiente de que no rodara como un salchichón) y dos dormitorios desmontados, me dijeron los de la cama que no me la podían traer hasta finales de agosto. Y la anulé, para entrar inmediatamente después en pánico absurdo. De ese que te paraliza y no te deja ser efectivo en soluciones. Cuando llegó la noche, yo seguía con la escalera llena de trastos, la entrada llena de juguetes, el garaje lleno de maderas, la niña sin dónde dormir,  y el puto colchón con su plasticurri puesto, en el puto suelo. Mientras, leía whatsapps de Jon diciéndome que no sabían aún a ciencia cierta si vendría al día siguiente o tendrían que quedarse una semana más. Pero llegó el sábado y volvió. Alabado sea Belcebú. Y con sus 22 horas de vuelo, trazó plan de emergencia, cogimos la furgoneta de su hermano y nos fuimos a buscar la cama allende los almacenes del mundo mundial. A las 18:00h. ya la habíamos encontrado y comprado. A las 19:00h. ya la teníamos en la casa y a las 20:00h. la terminamos de montar. Hacia las 22:00h., estaba ya todo ordenado y colocado. A las 23:00h. caímos felizmente en coma (sobre todo él).
Jon no es un superhéroe, ni yo un inútil. Pero es verdad que para este tipo de emergencias, SIEMPRE necesito que esté. Aunque no haga nada. Aunque solo se siente en la cama y me escuche. Aunque se limite a darme una palmadita y decir ea-ea. No sé bien explicar por qué, pero él me ordena la cabeza. Con él me sale la solución. Siempre. Sin él, voy enlazando vórtices de entropías y autoinmolándome en mi propio caos, hasta que estallo en mi propia burbuja de inutilidad. 

De verdad que no sé cómo cojones lo hacía yo antes. Supongo que simplemente, no lo hacía.