Flecos

One
Nos quedamos a Pepe Penas. Jon vió a Pedro sumido en su mutismo. Me vió a mí sumido en mi angustia vital. Vió a Simón sumido en su desconcierto. Vió a María cantando rock (que no viene a cuento pero es lo que hace) y pensó que tanta tristeza no compensaba con lo de añadir una plaza de perro al coche. Así que con esas, anuló la cita con el dueño potencial que habíamos encontrado de pura potra y directamente, se lo llevó a poner el chip. Ahora Pepe Penas se llama Pepe Penas y es nuestro. Nuestro niño walpurgis está feliz. Lo lleva de un lado a otro según se mueve por la casa, y el perro le obedece dócil y sumiso. No solo a él. A todos. A Pepe Penas le llevas del collar a que se suba hasta el tejado, y es capaz de quedarse allí plantificado el resto de la semana. El pobrecillo ha sido despojado de toda voluntad propia. E intuyo que a hostia limpia. Esperemos que en nuestra convivencia se vuelva un poco walpurgis, como su tutor y nos dé a todos sopas con honda.

Two
Este sábado va a ser la pedida oficial de mano (lo escribo y ya me descojono entero) de Gustavo por parte de Jokin. Le ha comprado un reloj grabado con sus iniciales. Cuando nos lo dijo, Jon y yo nos quedamos con un poco de cara de vaca mirando al tren. Y se dió cuenta porque directamente preguntó: “¿es que vosotros no os regalastéis nada en la pedida?” Jon se quedo un rato pensando y luego dijo “Pues… bueno… yo creo recordar que le invité a una bolsa de patatas fritas.” Casi me desmondongo de risa. Amo a Jon. En serio. Es increíble lo que nos parecemos en las cosas en las que nos parecemos. Y menos mal. Porque a mí solo de decir “la pedida” ya hace que se me escapen chorritos de risa. Aún así, allí estaremos. Pendientes de a ver qué contesta Gustavo. Y del disgusto con el que, probablemente, mate a sus padres.

Three
Mañana las dos primeras resonancias. Me apetece tanto como sacarme los ojos con una manopla. Pero bueno, es lo que hay. Llevo unos días muy buenos en los que no me duele absolutamente nada. Supongo que viene a ser como cuando dejan de dolerte las muelas justo cuando sales para el dentista. Aún así, tengo un 75% de sospecha de que no van a encontrarme una puñeta en ninguna de las pruebas que me hagan. Yo soy así. El eterno paciente inclasificable.