El lujo cutre

Aye me puse a pintar rodapiés a las 8 de la tarde. Para cuando terminé ya no veía ni el bote de pintura, de la poca luz que entraba. Hoy pintaré los dos radiadores. Son los originales que tenía la casa, de esos de hierro forjado con relieves y chirifluses, y no quise quitarlos, así que ahí están. Resplandecientes de desconchones acumulados a lo largo de los siglos. La verdad es que subir a mi buhardilla (más conocida como la habitación del pánico) es como meterte en un túnel del tiempo. Paseas por la planta baja, con su tarima, sus paredes lisitas, sus muebles de maderita, su decoración rústicopintona… y de repente subes aquí y ves el parquet mierderillo cosido a uñas de gato… el gotelet de postguerra… el somier de ñigui-ñugui con la colcha despeluchada de estrellitas… y piensas que en vez de escaleras, has subido a 1975. No me importa. Una leonera es para eso. Para dejarla detenida en el tiempo y el espacio. Nunca he conocido a nadie que tuviera una leonera limpia, moderna y ordenadita. Eso va en contra de los principios fundamentales del universo.

También me he comprado un armario de cajones. Lo más barato que encontré en la página más cutre del universo internet. 20€ me costó. Es horroroso como pocos. De madera blanca (hasta ahí bien) y cajones de telinchi naranja (y ahí ya se jode el equilibrio estético). También me da igual. No tengo un puñetero duro para caprichos y, como decían en Aladdin, situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Así que tan pichi con mi armario de cajones naranjas. Ahora ya solo me quedará comprarme un sofá de segundo culo y ya tendré la buhardilla mierderosa más cómoda y cutre del mundo mundial. Jon no está de acuerdo. Quiere comprarme librerías maravillosas de esas que alcanzan hasta el techo, y vitrinas antipolvo, y sofá con cheslong, y subirme la máquina de discos y dejarme UN PEDAZO DE ESCONDITE QUE TIEMBLE EL UNIVERSO. Pero no. Me he negado rotundamente. No más regalos. Ya siento bastante vergüenza con el hecho de que no gane ni suficiente para mantener a los perros. La leonera, o la amueblo yo, o no se amuebla.

Se me ve amargo ¿no? Es que he tuve un encontronazo con mi jefe, hace dos semanas, después de cuatro años de promesas de revisión de sueldo y la cosa hizo que me sintiera especialmente menospreciado y mierdero. De hecho, creo que la caída libre de moral de los últimos días tuvo mucho que ver con eso. Pero bueno. No pasa nada. Pelillos to the sea. Tengo un mueble con cajones de telinchi naranja de 20€. No sé qué más se puede desear en esta vida ¿no?