Infancias de Ibertren

Me vuelve a doler. El oído y parte de la mandíbula. Acabo de empastillarme. Esta nueva crisis está resultando larga y cansina. No me puedo concentrar más de quince minutos en nada. Yo que siempre me quejo de twitter, ahora me viene bien. Es lo único que me funciona. La inmediatez y las palabras a tragos cortos.

Hoy estuvimos en casa de mi suegra. Han vendido la casona familiar de Bilbao y había una torre de cajas con cosas de la infancia de Jon y sus hermanos. Su madre los llamó a todos para que fueran a ver lo que querían llevarse y lo que querían tirar. Y resultó que al mirar, las cajas estaban llenas de juguetes y tesoros nostálgicos importantes, así que se ha terminado formando un buen follón a la hora de decidir las posesiones de cada uno. Había cosas increíbles de verdad. Un juego de mesa de “La Guerra de las Galaxias”… el fuerte de los clics de famobil… un juego Simón de 1980… varios Geypermanes (¡¡Geypermanes!!) con todo un surtido de vehículos acorazados… un Mercedes teledirigido Rico… UN ENTERPRISE DE MADELMAN… bueno, increíble todo. Veinte cajas recién salidas del desván de Marty McFly. Cuando han empezado a pelearse entre unos y otros con el estoesmío-loscojonesesmío como niños de 90 kg. he pensado que terminábamos allí con un nuevo Puerto Hurraco, pero en versión Congost.

Jon quería el tren eléctrico de su padre. En cuanto lo ha visto le han brillado los ojos. Sin haber entrado en detalles, creo que le traía algún tipo de recuerdo nostálgico que quería repetir en casa con nuestros tres mosqueteros, así que yo no he dicho ni mu. ¿Quiere montar un tren eléctrico en casa? pues que monte un tren eléctrico en casa. Luego ya me he ido enterando de que eran 5 metros de maqueta con cambio de raíles, túneles, estaciones y la madre que parió a Panete, pero mira… si alguien entiende de piojosidades mantenidas por la fuerza del cariño fraternal, soy yo. Que todavía guardo como oro en paño el libro de Jim Botón de mi hermano (si es que a un grupo de hojas pigantes de un hilo con dos trozos de cartón doblado se le puede llamar libro). Así que… nada. Dejemos que mande el corazón y esperemos que la aventura ferroviaria setentera, no termine con dos adultos y tres niños de urgencias en el hospital poniéndose la vacuna antitetánica.

Se me va pasando el dolor. Aprovechemos para dormir un poco. Si es que mi gato pocero está hoy por la labor de permitírmelo.