Un poco de María

Como esta semana no me tocaba nada del desayuno (que en casa tenemos las tareas asignadas con organigrama y por turnos, como los cuarteles y digo yo que por qué será…) he estado aprovechando los minutos sueltos para montar un poco el estropicio lego del Halcón Milenario. Cada diez minutos se asomaban por el borde de la mesa las dos zarpillas y los cuatro pelos tiesos de Maríamonita, y mirándome fijamente me decía “NO SE TIRAN LOS AVIONES DE ARI POR LASSSCALERA ¿VALEEEE?” así que lo de la reconstrucción de la nave está siendo algo así como la muerte de una crónica anunciada. Porque cuando Maríamonita te dice que no se hace algo… es porque Maríamonita directamente está pensando en hacerlo. Así que hoy, que no ha ido a la guardería porque tenía que llevarla Jon a la revisión, me imagino que cogerá lo que quede de mi pobre Halcón Milenario y otra vez probará desde la escalera a ver si ya ha aprendido el plástico a volar. En previsión lo he escondido en un bote espantoso y gigante de galletas que vive en nuestra cocina y que no sé de dónde coño ha salido. Calculo que a estas horas de la tarde ya lo habrá encontrado y conseguido que alguien se lo baje. Es como un hamster en un laberinto. No hay objetivo imposible para ella. Cuando la acogimos pensamos que lo de las férulas de contención, la fisioterapia y las medicaciones serían cortapisas para que llevara una infancia como las demás. Nos equivocamos hasta el escroto. María entra, sale, trepa, sube, baja y destruye con la rapidez de un escuadrón suicida. Con la misma sonrisa de oreja a oreja y los mismos ojos de ángel. Con el mismo cuerpo de grillo y los mismos pelos de marine. No hay férulas de contención que la contengan. Es el paradigma de la felicidad en 70 cm.

Colonoscopia y gastroscopia el día 30, para descartar cánceres. Tengo una ilusión…