Ira

Estoy enfadado, furioso, molesto, harto. Cansado de trabajar 8 horas diarias y no sacar dinero para poder reponer una puta tableta gráfica que se me ha roto. 55€ me costó. Una Bamboo. La más mierder. Y se me ha roto y no puedo comprarme otra, porque ahora mismo tengo 20€ como todo fondo económico para lo que queda de mes y eso sin restar el dinero que necesito para pagarme el menú diario. Ya. Ya sé que tengo a Jon. Ya sé que él paga facturas, casa, el 95,5% de la hipoteca y que el pobre hombre está más que dispuesto a regalarme otra tableta gráfica. Lo sé. Doy gracias, de verdad. Pero eso no me hace sentir mejor. Por el contrario, contribuye a que me sienta aún más inútil y más mierda, con mi cuenta corriente penosa y mis nulas posibilidades de que alguien haga caso a mis situación en esta puta empresa. Cuatro años lleva mi solicitud de revisión de sueldo, encima de la mesa de mi jefe. El mismo jefe que me dice “es que están reduciendo gastos” mientras cobra un neto de 6.000€ mensuales. Y otros tres años lleva también mi solicitud de revisión de categoría laboral. Ahí las dos. Paradas y sin ningún futuro cercano de activación. Y hoy viene el nuevo Jefe de Personal. Y según nos levantábamos a comer, tal cual nos han hecho sentar. “No os importa comer más tarde, que es que quiere bajar a ver el departamento y no queda bien que no haya nadie en los puestos…” No queda bien. No queda bien, porque claro ¡dónde se ha visto que exista una empresa donde los empleados coman, por los clavos de Cristo!

Siento una ira profunda, triste y visceral. Ira de levantarme, ir hasta el despacho de mi jefe, agarrarle del bigote y estamparle la cabeza contra la mesa. De esa ira. Justamente de esa. De esa que encima no puedo liberar bajo ningún concepto.