Adornos navideños

Mañana ponemos el árbol. Muy pronto creemos que es. Porque este año tenemos dos nuevos elementos subversivos que no alcanzan el metro de estatura y que juntos y por separado, aniquilan como toda una tropa entera de asalto. María y Hocus Pocus. Hocus Pocus y María. No quiero ni imaginarme lo que puede suponer tener un árbol de cosas brillantes colganderas durante… ¿tres semanas? Supongo que todo un festival de ir por la casa dando patadas a los adornos navideños desperdigados por esos pasillos de dios. O encontrarnos Papás Noeles sonrientes y diversos, metidos en estofados, váteres, armarios bajos, zapatillas, narices… En fin. Que dice Jon que por qué no modificamos este año un poco la tradición y ponemos los adornos el día 24 por la mañana, para quitarlos directamente el 25 por la noche, sin hacer mucho ruido. Le he dicho que no. El espíritu navideño absurdo me posee. Estoy dispuesto a perder la vida persiguiendo bolas de colorinchis y espumillones plateados perdidos por esos mundos de dios. Porque a ver… ¿quién dijo miedo?