Duelos

He ido a ver a la madre de mi compañero que se ahorcó. No sé por qué. Para decirle que lo sentía. La llamé y me dijo que pasara a tomar un café. En cuanto colgué me arrepentí de haber llamado. Y de haber dicho que sí. Yo soy así. Siempre pienso las cosas cuando ya las he hecho, en vez de ser sensato y hacer justo lo contrario. Menos mal que ha sido una visita corta (gracias, jornada de trabajo). La casa seguía igual de asfixiante. El mismo papel pintado de flores y las alfombras rojas raras con arabescos. Y las mesitas con tapete y el gondolero de cerámica. Creo que parte de esa asfixia era porque me recordaba un poco a la casa de mi abuela Regina. La pobre señora estaba bastante entera (la madre del chico, no mi abuela. De mi abuela no deben quedar ya ni los molares). Tenía esa mirada ida de los que viven a caballo de un frasco de Diazepan. Me ha dicho que su hijo me apreciaba mucho, y que yo era un buen chico. La situación me ha parecido casi cinematográfica. Le he enseñado una foto de María. Yo siempre le enseño una foto de María a aquellos con quien no me apetece hablar. La foto de María de mi cartera viene a ser como mi conversación de ascensor. También tengo una de Simón, Pedro y Jon (es mi parcela carteril de mamma italiana) pero la de María es especial, porque va hecha un minifantoche y resulta encantadora. Con la gorra militar, el tutú puesto encima de un pijama de Hulk, y blandiendo un paquete de salchichas de Frankfurt. Es algo así como la última foto que alguien tendría en su cartera. Así que siempre la enseño y cuento la historia de las salchichas de Frankfurt y María, y así tengo algo de qué hablar con esa persona con la que en realidad no quiero hablar. Cada vez una historia diferente. “Estábamos haciendo la cena y nos robó las salchichas…” “Cogió las salchichas el perro y ella fue detrás hasta que las recuperó…” “Como no quería cenar, nos pusimos a hacerle un muñequito con salchichas…”

¿Y sabes por qué la cambio cada vez? Porque en realidad no me acuerdo de cuál fue la historia original. Y no sé por qué demonios aquella noche María corría con un paquete de salchichas, ni por qué demonios decidimos hacerle aquella foto.