Skate

Me he cargado otra tabla de monopatín. La cuarta en total, y segunda en este mes. Esta vez en un lipslide (ya sabes… eso de deslizarse con la tabla por su eje, sobre una baranda) que no me ha salido. De hecho el lipslide me lo he llevado yo en todo el costillar. Y me ha quedado superbonito porque he caído como pirueta final encima de la tabla como una cucaracha agonizante y he ido rodando ñigui-ñigui hasta terminar de estamparme contra la caseta. Hasta el vecino se ha asomado con el estruendo. Y eso antes de desayunar y mientras se hacía el café con leche. No sé. Yo creo que puntúa doble o algo. Jon se ha cabreado bastante más que las otras tres veces. Supongo que en parte ya por saturación. Ha cogido la tabla, que estaba medio partida y pingante, y la ha terminado de partir contra la rodilla, como un matón de peli. Luego me ha señalado con el índice y ha dicho SE HAN ACABADO LOS MONOPATINES. YA. Y se ha ido dando grandes zancadas. Yo me he quedado ahí riéndome como un gilipollas. No por especiales ganas de morir, sino porque cuando me riñen siempre me sale la risa tonta. Es un defecto mental de fábrica que me ha traído muchos disgustos en mi vida. Mejor no te digo cuántos.

Estoy mirando skates en ebay para ver si encuentro alguno de buen precio para poder comprar en el tiempo que a Jon se le pasa el cabreo. Sí. Ya ves. Soy un irresponsable inasequible al desaliento. Ese es otro de mis principales defectos de fábrica generador de disgustos varios.