Arte Zeta-Serlik

Ahora que ya sé lo que tengo en el estómago, cuando me vienen los dolores de después de comer, me paso la digestión charlando con mis síntomas. “Cállate, esófago de Barrett.” “Deja de apretarme las tripas, helicobacter.” “Te podías ir a la mierda, hernia de hiato.” Porque sí. Siempre me duele después de comer. En mayor o menor medida dependiendo de lo que coma. Tengo que ir a llevar los informes al médico el día 29. Todavía llego a tiempo de que se me joda el pavo relleno de Nochebuena, los canelones de Año Nuevo y el roscón de Reyes. ¡Alegría, Alegría y Pan de Madagascar con helicobacter! Ayer tuvimos la función del colegio. Nos desplegamos como marines, Jon y yo, porque Pedro tenía que hacer una coreografía de bailar zumba con su clase, y contábamos con la posibilidad de que entrara en crisis en mitad de la multitud, y aquello terminara como el rosario de la Aurora. Pero no. Nada. Nada pasó. Falsas alarmas y alertas en vano. Pedro crece y su disfunción social evoluciona con él. Bailó, siguió perfectamente la música (implante coclear mediante) y no pareció agobiarse en ningún momento, incluso a pesar de que le rodearan doce compañeros dando saltos. Un éxito. Por parte de los tres, porque Simón también se marcó un zapateao navideñogitano, y Maríamemato aprovechó la coyuntura de los intermedios para menar el culillo por el pasillo central del patio de butacas al ritmo del jingle bells, jingle bells, jingle all the way.

Ya ves. Zumba, flamenco, villancicopop, demostraciones en vivo de crash-skate… Somos una tribu llena de arte.