El chocolate fantasma

Teníamos una caja de trufas de chocolate sobre la mesa del comedor. Nos la trajo mi cuñado de Suiza. Trufas de chocolate rellenas de Jack Daniel’s. Deliciosas. Y empezaron a desaparecer. Al principio de forma silenciosa. Luego ya descaradamente. De las 40 trufas de la caja, una mañana nos encontramos con que solo quedaban vivas 10.

Exculpamos a los niños. No les gusta el chocolate con licor. Solo nos quedaban los perros. Eran los criminales más evidentes. Zampones, rápidos, nocturnos, con antecedentes de robo de comida a dos patas…¿qué más evidencias se podían presentar?

Teníamos una GoPro. Jon la tenía. La había utilizado un par de veces para grabar sus rutas chifladas de bicicleta por Zarautz. La había configurado para poder manejarla desde el móvil. Una cámara… unos criminales por desenmascarar…Teníamos ahí el esquema perfecto para conseguir un caso resuelto. Pillamos a los perros zampando, les pegamos un grito, le regañamos, entienden que hacen mal, logramos un vídeo divertido de perros y a otra cosa.

Pusimos la GoPro y nos parapetamos en el piso de arriba. No hubo que esperar mucho. Apenas dos horas. Y sí. Ciertamente, conseguimos nuestro vídeo divertido.

Solo que no de perros, si no de una niña de dos años arrastrando una silla hasta la mesa, trepando hasta ella y comiendo trufas de Jack Daniel’s a dos manos y dos carrillos.