Nochevieja

Estas dos últimas horas de jornada laboral siempre se me hacen eternas. Y más ahora que la planta está desierta y soy el único ser humano vivo y procastinador que queda en pie. Siempre tengo ganas de subir la radio, quitarme la camiseta y ponerme a bailar en la mesa moviendo la cabeza como para un derrame cerebral. Es una de esas cosas que me moriré sin haber hecho. Afortunadamente.

Estamos preparando la fiesta de Nochevieja post-uvas en casa. Vienen 32 (ó 33) amigos. Todos de Jon, recordemos que yo no tengo amigos. Cuando digo que no tengo amigos la gente se compadece mucho de mí, pero es porque no saben que no me refiero a conocidos, ni gente con la que intercambias una cerveza en un momento dado, sino a amigos de verdad. De los que llamas cuando sufres. De esos no tengo. Tenía tres, uno se murió y el otro se casó conmigo, así que… externo solo me queda uno. Igual cualquier día se me oxida el ánimo y le pierdo. Creo que no, porque ya he estado varias veces a punto y siempre nos retomamos. Aunque ahora está lejos (en distancia). Demasiado lejos como para invitarle a una fiesta de Nochevieja. Pero no pasa nada. Como soy el anfitrión consorte los 32 (ó 33) de Jon me dan mucho jueguito para una fiesta. Soy un insociable, pero no un triste.

Para la fiesta vamos a necesitar un montón de botellas. Más de las que queda bien llevar en un carrito de supermercado. Y algo de comida para el hambre de las 5:00h. El hambre de las 5:00h. es algo que no falla. Es justo la hora en la que entre alcoholes te metes un minibocadillo de algo y te resucitan hasta los ojos. Hoy iremos a hacer la compra y llevarnos todas las reservas de alcohol del Mercadona. Y mañana tenemos que empezar a meter chutes al pavo. PORQUE HAY PAVO ASADO DE CENA. Le pasa a Jon por preguntar a los niños. “¿Qué queréis que os cocine para Nochevieja? ¿que os parec…?” “¡¡¡¡PAVO-QUEREMOSPAVO!!!!” Pues ea. Que corra el pavo (o casi mejor que no).