DOS-CERO-UNO-SEIS

Vengo porque dije que vendría todos los días a decirte cosas y no está nada bien que me salte mis propósitos de 2016 justo el primer día de 2016, PERO: bebí mucho, dormí poco y estoy… como te diría. Estoy… Mira, hace un rato, después de despertarme de una siesta de parche, he estado leyendo un libro de relatos de Joe Hill que se llama “Fantasmas” (bastante bueno, te lo recomiendo). En uno de los relatos se contaba la historia de un niño hinchable, que en vez de piel tenía plástico, y en vez de sangre, tenía aire. Pues así. Así me siento. Como el niño hinchable de Joe Hill. Así que es imposible que de esta sensación salga nada bueno. Mejor dedico estas últimas horas antes de caer en coma, a acurrucarme con Jon, María y Simón en un rinconcito de nuestro sofá-mastodonte-multifunción, mientras mastico canapés rancios sobrantes del desenfreno de ayer noche, con airecillo de camello.

El post de ayer lo dejé programado el día 30 para que se publicara el 31. Mola ¿eh?. Es casi magia.