Su humano favorito

El viernes castran a Hocus Pocus. Ya le toca. Está más esquizofrénico que nunca. Es que lo haga el veterinario o que lo haga yo un día de estos con los dientes, así que… mejor opto por lo primero. Me da pena y preocupación. Siempre me dan pena y preocupación cuando les van a dormir o a hacer judiadas. No puedo evitarlo. Todo mi zoo es como un compendio de hijos putativos. Me hace recordar a mi suegra cuando le pregunto que quién es su hijo favorito y ella me coge la mano y me dice “¿qué dedo te corto?” Pues eso. Se les quiere por igual y todos te preocupan. Los dóciles y los hijoputas. Los esquizofrénicos y los pachorros. Todos por igual. A partir del jueves por la noche Hocus no podrá ni comer, ni beber, así que no me queda otra que quitar los comederos de en medio y montar un ayuno general, tanto para gatos como para perros. Mantener un gato aislado en mi casa viene a ser como subir el Himalaya en chancletas. Abren las puertas, trepan por los tejadillos y en menos que canta un gallo, tienen culo y hocico metido literalmente en los comederos de los perros. Así que nada. Ayuno Serlik para todos. Este viernes por la mañana no voy a ser precisamente su humano favorito, no. Casi puedo imaginarme al loro y la chinchilla haciéndoles cortes de manga desde la jaula en plan “¿quién se ríe ahora? ¿eeeeeeeeh, hijoputas?”

Al llamar al veterinario me ha dicho “hola, Ariel. Te he reconocido la voz.” Me ha parecido cantidad de significativo. Creo que en su caso sí que soy su humano favorito del mundo mundial.