Exámenes

Odio los exámenes. Las noches de preparación y repaso de apuntes son mi parte odiada del año académico. Lo llevo fatal. Molaría un universo paralelo en el que estudiar fuera como bailar y no requiriera memoria. Si me leyera esto cierta profesora que tuve en el conservatorio me pegaría con la vara en la cabeza, pero yo me entiendo. Me cuesta un triunfo hacer las cosas que no quiero hacer. Y me cuesta dos darme cuenta de mi verdadera voluntad. Mi voluntad de estos días es que quiero comprender, y no memorizar nombres y citas para repetirlas como un loro en un examen escrito. Ayer me quedé estudiando hasta las 4:00h. de la madrugada. Solo paré a las 2:15h. para pintar una jirafa en la pared. Ahora pinto jirafas de colores. No me preguntes por qué. Yo que sé. Porque estoy zumbado. Siempre que entro en barrena de semestre Jon se encarga al 100% de los niños y la casa, y me deja cancha en la buhardilla para estudiar y para perder el tiempo en las pausas haciendo dibujitos. Le quiero bastante por eso. Otro en su lugar me diría eso de “no hago tus tareas para que luego pierdas el tiempo dibujando monigotes”. Pero Jon no. Él es familia. Familia buena. No la madre que te deja sin cenar y te suelta dos collejas, sino la abuela que a escondidas te pasa cena de contrabando. Esa familia.