El equilibrio

Ayer por la noche estuve ordenando fotografías con Jon en sus viejos álbumes de cuando no me conocía. Flipé lo flipable y por flipar. Así a ojo puedo decirte sin mentir que se ha recorrido todo el mundo a golpe de mochila y bota. Con cada foto que me enseñaba me contaba una pequeña historia. “Aquí frente al acerrife australiano. Esta barrera que ves en la playa era para que no entraran tiburones o cocodrilos hasta los bañistas…” “Aquí en Sarnath, en Benarés, en el monasterio budista donde dormí, ayudando a preparar el arroz en el comedor comunitario…” “Mira, esta es la Escalerayoc en la coordillera peruana. 2000 peldaños tallados en la misma montaña.” Por un momento tuve el pensamiento cabrón fugaz de haberle cambiado la vida para mal, así que intenté buscarle un punto de nostalgia en la mirada. No lo encontré. Imposible en Jon Karlos el hermético. Así que ataqué directamente. “Y ahora que tus únicos planes a corto y largo plazo es entrenar el equipo infantil de fútbol o cambiar un chándal en el Carrefour… ¿cómo te sientes?” “Feliz y afortunado. Cada momento en la vida es para una cosa.”

Supongo que es eso lo que te vienen a enseñar en los templos budistas.