Siguiendo para bingo

Pues nada. Después de tener a mis pobres bestezuelas de ayuno toda la noche y dormir apenas dos horas con todo el zafarrancho que me han montado de tengohambre-damedecomer, resulta que la castración de Hocus Pocus se aplaza al martes. Jon está ahora mismo volando hacia Zaragoza para una ida y vuelta (en helicóptero, no es que tenga una hélice en la minga, ni nada) y no puede llevarlo hoy a la hora pactada, así que lo hemos aplazado hasta el martes que viene. Otra vez a hacerles la judiada de quitarles comederos y aguas. No me queda otra. Podría encargárselo a mi suegra, pero tiendo a lo histérico en cuanto a mis animales se refiere, y prefiero que seamos o Jon o yo, los que hagamos la entrega y nos aseguremos de que el bicho da buen latido de corazón para la anestesia y todas esas chuminadas que me angustian tanto. Ya te lo dije el otro día. Mis gatosperroschinchillaloro son como mis hijos putativos. Me pongo en formato mamma italiana y no hay quien los escupa. Lo positivo del aplazamiento (que algo hay) es que así no me sentiré culpable esta noche por dejar solo al castrato mientras estamos en la despedida de soltero de Jokin y Gus.

Sí. Es esta noche. Y hay preparado todo un festival en el que:
1. Tengo que cantar
2. Tengo que hacer un streaptease.

Lo primero me preocupa bastante por aquello de que dos horas de sueño no van a contribuir mucho a que recuerde la letra. Lo segundo pienso pasarlo a base de tequila, y que salga el sol por Antequera. O por Jalisco.