Sangre de viernes

Twitter de hoy: He venido a trabajar con peto vaquero y por las miradas, creo que me he pasado.

Cierto. Creo que me he pasado. Tendrías que ver las caras que me rodean ahora mismo. Esa musiquilla brisbribrisbibrisbi que hacen las mujeres cuando cotillean sobre ti en voz baja, no para de flotar a mi alrededor. No lo he hecho adrede. Con el asunto de los exámenes y la preocupación del gato vivo sin vivir en mí y me pongo lo primero que pillo. Cuando ya me había metido las piernas en los pantalones he caído en la cuenta de que llevaban pechera, así que he pensado “bah… a la mierda” y tal cual me he subido los tirantes y me he lanzado al desayuno. Simón al verme me ha dicho “¡hala, qué chulo!” y María ha coreado “ESTAS MU WAPO.” Eso debería haberme servido de prueba irrefutable de que iba hecho un mamarracho, pero me temo que la falta de sueño me tiene un poco anulado el proceso neuronal. Cualquier día de estos me miraré en el espejo del baño de la oficina y descubriré que he ido a trabajar con el casquito de Bob Esponja de María. Y si no, al tiempo.

Estoy preocupado por el gato. Noto que el postoperatorio le duele. Duerme debajo de los muebles y ya no ataca a nadie. No logro recordar si con Peyote fue igual, pero lo de dormir debajo de los muebles me recuerda amargamente a los últimos meses de la enfermedad de Tripi, mi gato mayor, y la asociación de ideas me tiene un poco jodido. Hoy llamaré al veterinario para comentárselo y darle un poco el coñazo. Para no perder las buenas costumbres.

Hoy salimos por el centro a celebrar el cumpleaños de Jon. No tengo palabras para definir lo bien que me va a sentar y lo mucho que lo necesito.