Animaladas

Peyote con otitis galopante. Y en los dos oídos además. Llevamos unos mesecitos de animales pochos bastante considerable, porque también Birra ha empezado a sufrir de reúma en las patas traseras y hay que ponerle inyecciones día sí y día también. Decía yo que en ambos casos he tenido que estar una semana siguiéndoles e investigándoles hasta deducir que les pasaba algo. Nunca deja de fliparme lo duros que pueden llegar a ser los animales. Hasta ese punto. Hasta el punto de pasarse un mes con dolor de oídos y no soltar ni un miau. No me digas que no deberían aprender muchos humanos. Que nosotros tenemos una mierda de uñero y ya estamos llorando y maldiciendo nuestra puta suerte. Y ya no digamos con lo de la amputación de miembros o la parálisis. De verdad te lo digo, ahí le doy la razón a los budistas. En esta vida contra los problemas… nada como no pensar.

Y ya me dejo de poner intensito, que solo estamos a martes.

También ayer tuvimos la revisión de María por parte de las autoridades tutelares competentes (mira qué bonito que me ha quedado eso). Por primera vez, fuimos sin ningún tipo de miedo ni resquemor. En parte porque ya empezamos a curtirnos, y en parte porque es María. Terremoto María. María de los Guardias. Pretender que sea coherente en respuestas y actuaciones es como ponerte a recoger aceitunas en una chumbera. Así que ahí la soltamos y ahí la recogimos. Y fue tal y como esperábamos que fuera. Robó un puzzle de madera de la sala de juegos, contestó por peteneras, pasó del culo de todo el mundo y cuando le empezó a rugir la tripilla le dijo a los asistentes “ME VOY CON PAPÁ QUE HAY QUE MIRINDAR” y salió como un cohete dejando a todo el mundo con cara de vaca mirando al tren. Nos felicitaron y nos dijeron que se la veía muy sana y feliz. Jon les dijo “no nos atribuyáis ningún mérito porque ya nos llegó así de fábrica” y lo dijo con toda la razón del mundo. María es vital. Pertenece al grupo de personas generadoras de energía. Y yo que me alegro. Por ella y por todos los que la rodeen a lo largo de su vida.