Esto es una fiesta

Perdona pero vengo otra vez de llorica. No me lo tengas en cuenta. Es que si no te lloro a ti… no le lloro a nadie. Estoy agotado. Jon está teniendo que venir de trabajar por las noches a las 9:00h. así que ahora tengo que organizar baños y cenas yo, acostar a María y luego ya ponerme a estudiar. Y el resultado es que me quedo dormido encima de los apuntes. Pero como un tronco. Ayer me acosté con las etapas del desarrollo cognitivo de Piaget tatuadas en la mejilla derecha. Y no es coña. Un día de estos me acostaré directamente con las hojas pegadas a a los morros. Siempre me pilla el tren. Siempre. Organizo maravillosos planes de estudio que comprenden lo largo y ancho de tres meses y luego termino estudiando todo a mogollón en las últimas dos semanas. Y a veces en una sola. Soy un caos con calcetines de organización. Lo seré siempre.

El domingo de la semana que viene es el cumpleaños de Simón. Fiestazo al canto. Le decía ayer a Jon que como sigamos acumulando niños en la tribu terminaremos organizando una fiesta por mes. Menos mal que Pedro y su estoicismo es nuestra isla en el naufragio. Ahí siempre podremos pararnos y tomar aliento. Para la fiesta de Simón ya tenemos temita: Piratas vs. marinos. Hoy me he puesto a diseñar las invitaciones y a buscar mi disfraz (por supuesto soy pirata. Yo con los malos a muerte. Siempre) y Jon a inventarse la decoración para convertir nuestra casa en un barco. Nos hemos propuesto que este año no vengan más de veinte niños. Y eso que cada vez que digo veinte, solo con visualizarlos ya me canso.

Sé lo que estás pensando al leerme. Que tenemos los cojones como el caballo de Espartero. Pues sí, pero mira… Como eran niños que venían de no tener nada, nos dio por ahí para compensarlo. Y la verdad es que ahora ya hemos hecho fama con nuestras fiestas de cumpleaños. Cualquiera les saca ahora unas medianoches y tres globos. Capaces son de amotinarse en la despensa y tomar rehenes. Que los niños de hoy en día están muy preparados para la lucha.