Domingo de insurrección

Me cansa tanta intransigencia. Marionetistas en la cárcel, reyes magos, antiabortistas, pactos de gobierno, violencias de género, ataques homofóbicos, hombres calvos que dicen no ser calvos intentando llegar a la presidencia de Estados Unidos… Cada vez que me asomo a las noticias hay algo nuevo. Una nueva rabia. Yo estoy enmedio tuiteando tonterías, como siempre. Esa siempre será mi línea argumental. El supermercado de tonterías. Para ponerte serio ya están otros. Yo prefiero hacerte reír.

Me tragué ayer entera la Gala de los Goya. Jon estaba de guardia, así que me ahorré tenerle a la derecha (de dios padre) cogiéndome el pie desnudo debajo de la manta y diciéndome “¿cambiamos-cambiamos-cambiamos?” Pedro había empezado a vomitar y Simón acababa de dejar de hacerlo. Me pidieron que les leyera algo antes de dormir. Hacía siglos que no me pedían algo así. Creo que no querían quedarse solos y enfermos. Tienen memoria histórica de sus centros de acogida. Sobre todo Pedro. Estuve leyéndolos un trozo de La Historia Interminable. Lo justo hasta que se quedaron dormidos. Me dió por poner voces. Soy un poco payaso leyendo. Y escribiendo. Y saltando charcos. Y pensando. Y viviendo, en general.

Tengo tres exámenes la semana que viene. Aún estoy viendo cómo gestionar eso sin entrar en barrena, ni desesperarme más de lo estrictamente necesario.

Creo que me vendría bien una gastroenteritis. Igual me voy a dar un par de lametones a la cuchara del primperan infantil.