Boot Camp

He vuelto a dejarme el móvil en casa. Hoy ya no me ha importado tanto como la otra vez, que entré en pánico absurdo. He descubierto que cuando no llevas móvil, en una hora escasa pasas de la angustia vital a la paz más absoluta. Algo así como evolucionar del “DIOS MÍO SOY COMO EL DE NÁUFRAGO” al “hay que ver lo bien que se está con la nuca recta más de una hora…”

Ayer me hizo Jon una tabla de musculación y fitness de 15 semanas, especializada y personalizada para mí y mis taras múltiples. Me arrepentí de habérsela pedido cuando solo llevaba 3 minutos leyéndola. Las tablas de entrenamiento de Jon son todas a lo Boot Camp (entrenamiento militar), es decir: entrenamientos cortos, rápidos y a lo bestia. Y más bien alejados de las escasas posibilidades de un pobre chico con pelánganos que rompe monopatines contra las barandillas. Él dice que no. Que con simple constancia TODOS PUEDEN SER SOLDADOS ESPARTANOS. Bueno, lo de soldados espartanos es aportación mía. En realidad lo que viene a decir es que todos podemos botar una pelota en nuestros abdominales con solo unas pocas semanas de dejarte el hígado en una flexión. Ya te diré si es verdad o no. Por de pronto empezamos ayer. Y fue superbonito porque cuando llegamos a casa y me arrastré a la ducha llorando y diciendo “jo, qué duro el primer entrenamiento…” él me respondió “Ah, no. El entrenamiento no lo hemos empezado. Las dos primeras semanas son para coger base.”

Coger base. Me dolían hasta las orejas y solo estaba cogiendo base. Como si servidor fuera un tentetieso.

Alegría, alegría, y pan de Madagascar.