Rápido

Hace un frío horroroso. Escribo esto hecho una pelotita tipo hamster, debajo de una manta de cuadros, con el portátil sobre un cojín y con el culo pegado a la chimenea. Estoy pensando que tengo que levantarme en cualquier momento para preparar las cosas de mañana y se me está encogiendo hasta el escroto. Mierda de domingos…

Hoy hemos estado en Segovia. De sorpresa. Jon Karlos Z. me metió en su tanque y me dijo que íbamos a comer a un sitio bonito por San Valentín. Y como a medio camino se dio cuenta de que yo llevaba una puñetera cazadora vaquera y una bufandita paria, hizo parada en una tienda de ropa y me dijo que eligiera una chaqueta de abrigo. Toda chula, mi parka de San Valentín. De color verde militar y tan calentita. Parece una de esas que llevaban los mods en los años 70. Buena falta me hacía ¿eh? que no veas el frío que estaba pasando yo todas las mañanas para llegar hasta Mirasierra con mi gabardininchi. Y todo por lo de siempre. Por no gastarme el dinero en ropa. Por estirar las pocas prendas que tengo (excluyamos aquí las 327 camisetas de mamarracho) hasta que se rompen o se desintegran. Por cabezón. Por “que no, que no me compro el abrigo, que ya es noviembre y casi estamos en primavera…”

Nunca dejaré de ser remendón y salchichero. Yo no sé cómo he podido terminar con un hombre que me lleve a Segovia porque sí. En serio. Si la vida tuviera alguna lógica esas cosas solo les pasarían a los it boys.

Feliz San Valentin. Feliz maldita jodida maravillosa vida ilógica.