Para ella

Jon se descojona con las últimas frases de mi post de anoche. Con lo de “con un hombre que me lleve a Segovia porque sí.” Dice que lo escribo como si ir a Segovia fuera como ir a un spa de lujo en Bora-Bora. Pero yo me refería al detalle. AL DE-TA-LLE. Tchsk… Estos espartanos es que no entienden lo romántico del mundo…

Voy a publicar otra vez por aquí mis diarios de niño. Había escrito todo un panegírico emocional que sirviera de explicación a esta decisión, pero lo he borrado, porque al releerlo me ha parecido una cursilada. Suelo borrar todas las cursiladas que escribo, si soy capaz de detectarlas. Creo que hago bien, no me gusta ser extensivo, ni emotivo. No va con mi personalidad. Me hace sentir ridículo. Cuando repaso mis diarios de niño, está todo escrito tal cual. No hay ni una pizca de poesía. La misma precisión cirujana para hablar de las borracheras de mi padre, que de los ojos verdes de Silvana. Tengo mucho respeto por el niño que fui. Fue un superviviente. Tanto, que gracias a él soy lo que soy ahora. Así que… en su honor, seamos precisos: Voy a publicar otra vez por aquí mis diarios de niño porque una persona que me importa mucho, necesita leerlos.

Y ya. Los demás datos me los vuelvo a guardar en el bolsillo.