Amor

Primer viernes y ánimo con la next week, Ariel, que ya no queda nada. Ayer por la noche vinieron los chiflados del rugby de Jon K. a llamarme a la puerta. Eran como las diez y algo y yo estaba terminando de cenar porque había sido un día de trabajo, universidad y compra, y había llegado a casa cerca de las nueve de la noche (gracias oficiales a mi suegra, por hacerme la vida más fácil). “Ponte las zapatillas que venimos a llevarte a entrenar.” Directamente les cerré la puerta en sus respectivas ocho narices. En parte por disfrazar mi pánico de gracieta, y en parte porque no soy precisamente peso pesado y los veía capaces de sacarme de allí en volandas. “Son instrucciones de nuestro capitán.” “Vuestro capitán puede comérmela por tiempos.” Se rieron mucho y estuvieron cerca de 20′ dando por saco hasta que por fin se fueron bajo promesa de volver hoy con las mismas intenciones. Será mejor que lo recuerde y suelte a los perros en cuanto llegue. Aunque no sé yo si eso va a poder disuadirlos. Igual debería haberlo pensado antes y haber empezado a adoptar manadas de ñus, para estas situaciones concretas.

El domingo son los oscars. Me he pedido el lunes libre para poder verlos en directo y dormir tranquilamente la mañana siguiente. Todos los años hago la misma tontería, pero esta vez tendré que levantarme para llevar a la tribu al colegio. Echaré de menos a Jon. Mucho. No por lo de tener que levantarme, sino porque no tendré a nadie a mi lado utilizándome de almohada y cambiándome las gominolas por crudites de apio. Ya ves. Hasta de las cosas por las que le mataría siento ausencia. Creo que precisamente a eso llamamos amor.