Reloj

Te quiero mucho. Iba a ponértelo en un tweet aprovechando que estamos haciendo el payaso. Aprovechando que estás ahí, tan desnudo, mirando tan fijo la pantalla de los zombies, mientras buscas el botón de cargar arma. Pero prefiero que lo sepas cuando ya no te lo esperes, para que no te rías de mí. Para que no me cojas del cuello. Para que no me digas “mosquito…” Te quiero mucho. No como podrían quererte los demás. No con ese amor. No con el que verás en las películas, en las hojas de los libros, en los quincuagésimos aniversarios de matrimonio… Te quiero con este mío. No es el mejor que tendrás, seguramente. No el más aterrador, ni el más ruidoso. Pero es único. Lo siento valioso y único. Pequeño e importante. El rubí que se coloca en la maquinaria de un reloj. Yo no quise a nadie. Tú lo sabes. Me cuesta querer. Me hicieron con la válvula del amor hacia dentro. Desconfío. Soy un corazón con tara. Pero tú… El ceño fruncido, el mentón oscuro, los ojos de plata. La sonrisa blanca. “¿Qué? ¿qué pasa?” Nada. Que Te quiero. Por ti moriría. Tan sencillo e inevitable como un destino. Porque estaré donde estés tú. Siempre. En mi sitio. En la maquinaria de mi reloj.