Di que yo era un loco, di que estaba ciego, nunca digas que me quedé atrás

Monté un pequeño follón con lo de grabar el post de ahí abajo. Creo que a todos les sonó un poco raro. No fue mi intención hacer experimentos. Siempre llevo todo adelante por las razones más tontas. Esta vez no fue más que pereza de levantarme a escribir, pero también hubiera podido ser por haber descubierto el botón de grabar del móvil o porque estuviera lloviendo en Calasparra. Lo puedes notar en la sarta de tonterías que digo. Que ya sé que nunca está de más, si te pones a hacer podcast, tener un guión o un algo que decir, pero es que no me pega nada leer, de verdad. Demasiado orden para mi caos. Terminaría pareciendo el niño al que la profesora le hace exponer su redacción delante de la clase. No tengo yo talla para grandes momentos, me acaban sobrando por todas partes. Si no cojo por sorpresa el rato de estar tirado en la cama y encender la grabadora, no me hubiera salido una puñeta. Además, quería hablarte, no leerte. Para leerte ya está todo esto que te escribo, que intento que suene ordenado y más o menos corregido. La voz, para hablarte. Tú sabrás perdonarme el descacharre y los pies descalzos sobre el brazo del sofá.

Estoy tranquilo y feliz. Jon está aquí y hace que me sienta guapo. Las personas que hacen que te sientas guapo son lo mejor del mundo, te lo digo yo. Hay que buscarse una, lo antes que podamos. Ahora mismo mi organismo vuelve a ser un puto caos, porque llevo comiendo mal (o muy mal) toda la semana y sumo nueve días de abandono físico absoluto, gracias a que logré esquivar a los espartanos de Jon K. (ah-uh). Y ya la casa ni te cuento. Nevera vacía, limpieza general sin hacer, cepillado de perros pendiente, jardín sin regar, recoger, ni podar, la bolsas de reciclaje sin sacar… He sido un vicepresidente de mierda. Los tres niños y ya. Lo demás se ha ido amontonando a mi alrededor mientras yo esperaba el turuliti inexistente del skype nocturno. Pero, mira. Aún así… tranquilo y feliz. No pasa nada. Mañana organizaremos y empezaremos de nuevo.

Para eso sirven las personas que hacen que te sientas guapo. Para que no nos importe lo que no es importante.