Vitaminas

Empiezo a estar primaveroso. Pero primaveroso de imbécil, no de florido y hermoso. Me muero de sueño por las esquinas y no me salen las ganas de nada. Solo de tumbarme en los sofás que surjan a mi paso y mirar teleseries. O dibujos. O cualquier otra cosa que me pongan delante de la nariz y no requiera pensamiento. Ayer teníamos que haber empezado el entrenamiento y le pedí clemencia a Jon K. apelando al juramento de “cuidarte y protegerte hasta que la muerte nos separe.” Él me recordó que nos habíamos casado por lo civil y que ahí ni muertes, ni pollas (el pragmatismo de Gasteiz), pero aún así tuvo piedad y me amplió el márgen hasta el lunes. Mi suegra me ha dado un complejo vitamínico porque dice que puedo estar otra vez bajo de vitamina D. Pues bueno. Pues ea. Pues dejad que la vitamina D y los sofás vengan a mí. Ahora mismo, escribiendo desde el trabajo aprovechando mi (escaso) ritmo vital, me siento bastante bien, pero debido sobre todo a los tres vermuts de grifo que me he echado al coleto aprovechando que Jon ha venido a comer conmigo. En cuanto se me pase la intoxicacion etílica y vuelva a mi sangre corriente de antes, verás tú. Voy a ser como una inmensa cabeza sostenida por un cuerpo chiquitiiiiiiiiiiito.

El sábado voy a ir a comprarme pantalones y cinturones. Se lo he prometido a Jon K. a cambio del tercer vermut. Ya ves. Cada día que pasa me vendo más barato.

Estoy pensando qué inventarme para poder escaquearme. Mh…¿falta de vitamina D?