Entusiasmos y vacíos

No paro de probar las gafas VR, de entusiasmarme y de flipar. Hoy he visto un vídeo 3D del Assassins Creed. Me he metido de lleno en el Londres victoriano y Jack el Destripador me ha pasado el filo de un cuchillo por la nariz. Ha sido A-LU-CI-NAN-TE. Echo de menos a Jon para compartir todas estas chorradas mías y estos entusiasmos que me dan. Estoy deseando que venga y que lo pruebe conmigo. Y que me escuche mientras doy saltos y hago volatines con los brazos a su alrededor, como una ardilla. Somos una cadena profesional de entusiasmados en bucle. María salta alrededor de Simón, Simón alrededor de mí, yo alrededor de Jon… y Pedro nos mira a todos y piensa que estamos locos.

Esta tarde voy a un concierto de Mozart. Reservamos las entradas hace tres meses, sin contar con que Jon no estaría aquí cuando llegara el momento, así que ahora tengo una butaca reservada vacía. En principio voy a ir solo. Gustavo me ha dicho que a lo mejor se me unía, pero no es seguro. En caso de que no lo haga, ya le he dicho a un chico de twitter que le regalaba la entrada. Va a ser una especie de blablacar, pero con Mozart. Él me acerca al concierto y yo le doy la entrada. Así me ahorro llevar la moto. Por un momento he fantaseado con coger la Harley de Jon si al final Gustavo se animaba a venir, pero me lo he sacudido rapidito de la cabeza. No vaya a ser que se me vaya en una curva y termine comiéndome un semáforo.Ya he sobrevivido a una ira espartana cargándome su sillón pijocaro favorito con las gotas óticas del gato. No es cuestión de provocar una segunda ronda. Que aún soy demasiado joven para morir y demasiado viejo para vivir en el cubo de los lego.