La química

Hola Jon. No te he grabado nada para que lo bajes arriba y lo escuches abajo. Soy un pedorro, lo sé. Me consuela pensar que cuando me pides algo sabes a ciencia cierta que no lo haré, porque tengo incapacidad genética para satisfacer a las personas y no hacerlas enfadar. Me consuela pensar que sabrás perdonarme.

Ayer fui a nuestro concierto con el chico callado del twitter. Todo fue muy bien. Estábamos bastante escondidos, así que hice la palurdez de grabarte todo el Requiem con el móvil. Sé lo mucho que te gusta y lo mucho que te hubiera gustado estar allí. 300 voces en la Sala sinfónica, Jon. Fue muy impresionante. El chico callado del twitter me invitó a cenar en compensación por haberle regalado la entrada, y fuimos a un garito extraño y postmoderno donde fusionaban comida italiana con japonesa. Te hubiera encantado. Nos reímos bastante con las pizzas de algas wakame y demás gilipolleces ocurrentes. Bebí mucho sake, así que al final me acosté con la cabeza como un botijo. La verdad es que el desconocido resultó ser un tipo muy majo y muy tranquilo, de conversación fácil, con el que congenié enseguida. Y educado. Respetó mucho mi espacio de confort y no fue nada impertinente. Hemos intercambiado teléfonos para informarnos mutuamente de los próximos conciertos que molen. Le dije que con eso ya tendrías motivo para volver a decirme que hago mal en ser un asocial de los cojones y perderme gente interesante. Se rió con mi frase y dijo que no le parecía para nada un asocial. Le expliqué que eso era porque había buena química con él, pero que eso no me solía pasar con nadie. Me preguntó qué era lo que generaba esa química, y le contesté la verdad; que no tenía ni la más puta idea. Que solo pasaba y ya. He escrito folios enteros de disertación sobre por qué los cangrejos ermitaños como yo nos abrimos a algunas personas sin problema y a la primer, y ante otras, igual encantadoras y maravillosas, nos cerramos como almejas, y sigo sin saber explicarlo. Me agarro a todas las teorías. Olor, expresión, tono de voz, postura… pero nada. No saco nada en claro. Solo el porque sí, el porque no y el porque ya está. Sea como fuere, me alegro de que el chico callado del twitter fuera un sí. De no haberlo sido, este post hubiera sido muy distinto y tú no tendrías ningún motivo ahora mismo para soltarme tu consabido “te lo tengo dicho”.

Tengo ganas de verte. Tus 356.987 rosales empiezan a florecer y el jardín ya empieza con esos olores extensivos que matan la pena lentamente. He bajado las bolsas de viaje del trastero y limpiado el carrito de los perros con la manguera. No solo huele a rosas. También huele a Zarautz.