Bola

Primer día de trabajo. Debería deprimirme, pero aún no he tenido tiempo. Y no por exceso, sino por defecto. Llevo toda la puñetera mañana actualizando el sistema operativo del mac. Viva mac. Debería haberme traído algo que me permitiera una meditación zen. Esto es, poder hilar pensamientos con un acto manual repetitivo y reflejo, como tejer calceta, colorear dibujos o fregar cacharros. Pero la primera cosa, la segunda y no digamos ya la tercera, resultan bastante chocantes en el trabajo, así que aquí estoy. Escribiendo tonterías y dejando que lo de “tiempo aproximado 25 minutos” se transforme en una hora… cuatro… tres… 25.897 días…

Tengo que reunirme con mi jefe para discutir las negociaciones de mi aumento de categoría profesional y no me apetece una puñeta. Malditas las pocas ganas de pelear que me he traído desde Zarautz. Hace tres días que solo me apetece ser un bicho bola y cerrarme sobre mí mismo en un rincón al abrigo de todo y todos. No mucho. Hasta que pase el diluvio, supongo.