Monopoly

Primera ronda de negociaciones con mi jefe. Es curioso esto de vivir 25 minutos escasos que te dejen como si hubieras recorrido la muralla china con un oso panda en brazos. No hay clima entre él y yo. Nunca lo ha habido y nunca lo habrá. Él quiere que yo vaya con corbata y obedezca y yo quiero que me pague lo que me corresponde. Partimos de una guerra sin haber ni siquiera empezado a lucharla. Ya me dirás tú si esto no se va a hacer largo de pelotas. De hecho, he vuelto a oír lo mismo de la primera vez. Que sí. Que ya está aprobado. Que ya está hecho. Que a mediados de este mes tiene que hacerse efectivo. Y me juego una oreja a que a mediados de mes, estaré otra vez llamando a su despacho para insistir en que ha pasado el “mediados” y sigo teniendo un sueldo de aprendiz. Pero igual le va a dar. Voy a por todas y ya no pararé. Me da igual que me echen. Si lo hacen, me embolsaré mi indemnización e intentaré seguir por otro camino. A veces necesitamos revulsivos en la vida. A veces, necesitamos hostias que nos aparten del camino en línea recta que seguimos como autómatas. Y que alguien nos desplace otra vez de una patada hasta la casilla de salida. De verdad te lo digo. A veces es lo mejor que nos puede llegar a pasar.